La República Dominicana ha sido históricamente un refugio para miles de ciudadanos haitianos que han buscado una vida mejor en suelo dominicano. Además, en momentos de crisis, como los desastres naturales, ha extendido una mano amiga al pueblo haitiano, brindando ayuda humanitaria de manera constante. El compromiso de la República Dominicana con Haití se ha expresado en foros internacionales como la ONU, CARICOM y la OEA, donde ha abogado por soluciones en beneficio de los hermanos haitianos.
No obstante, la comunidad internacional ha permanecido en silencio frente a la creciente violencia y la situación de vulnerabilidad de los derechos fundamentales en Haití. Bandas armadas financiadas por políticos y una élite insensible han sumido a Haití en la inestabilidad. Este escenario se ha convertido en un caldo de cultivo para actividades ilícitas como el tráfico de drogas, armas, niños e incluso la prostitución infantil, representando un riesgo para la República Dominicana.
Recientemente, Estados Unidos canceló visados a políticos y empresarios haitianos, responsabilizándolos por la crisis actual. Estos mismos actores promueven la falta de respeto a las normas internacionales y dificultan el diálogo entre ambos países, fomentando el odio y la inestabilidad.
El cierre temporal de la frontera dominico-haitiana es un gesto de preocupación del presidente dominicano, que busca preservar la seguridad y el entendimiento entre dos naciones hermanas. No podemos permitir que mentes malintencionadas con propósitos criminales contribuyan al deterioro de la relación entre nuestros países. Estamos destinados a vivir unidos, y esta medida es un paso necesario para garantizar un futuro pacífico y próspero para ambos pueblos.
. Por: Richard Gonell
0 Comentarios