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Democracia y poder con el pueblo como rehén






La República Dominicana ha experimentado una evolución socioeconómica significativa a lo largo de los años, y la democracia ha desempeñado un papel determinante en este proceso.Sin embargo, es lamentable constatar que esta valiosa herramienta se ha convertido en un juego sucio por el control del Estado, donde el poder se ha vuelto un alucinógeno capaz de perturbar incluso las mentes más brillantes y arrebatar los ideales de la clase más pura y conservadora .

Aunque nuestra Constitución consagra los preceptos sagrados que posiblemente salvaguardar el poder soberano del pueblo, la realidad nos muestra que estos principios han sido manipulados a voluntad y antojo de ciertos sectores económicos y sociales.Estos grupos, movidos por su afán de superioridad, han perpetuado una dinámica en la que el pueblo se convierte en un simple rehén de sus intereses egoístas.

Es indudable que la formación moral y de fe de nuestras generaciones pasadas ha dejado una impronta en nuestra sociedad actual. La noción de superioridad, impregnada por nuestros antecesores, sigue vigente en la mentalidad de muchos dominicanos.Esta mentalidad distorsiona la verdadera esencia de la democracia, convirtiéndola en una herramienta para mantener el statu quo y perpetuar las desigualdades sociales y económicas.

La democracia, en su esencia más pura, debería ser un sistema que garantizara la igualdad de oportunidades y la participación activa de todos los ciudadanos en la toma de decisiones.Sin embargo, en la práctica, se ha convertido en una fachada tras la cual se esconden los intereses de unos pocos, quienes utilizan su influencia y recursos para manipular los procesos electorales, cooptar instituciones y mantener su control sobre el Estado.

Es fundamental reconocer que la democracia no es un fin en sí mismo, sino un medio para lograr una sociedad más justa y equitativa.En la República Dominicana, es imperativo romper con las cadenas de la manipulación y la corrupción que han limitado nuestro progreso. Necesitamos una democracia verdaderamente participativa, donde el poder emane y resida en el pueblo, y no en las manos de unos pocos privilegiados.

La superación de los límites de formación moral y de fe implica una profunda reflexión como sociedad. Debemos cuestionar y desafiar las estructuras de poder existentes, promover una educación que fomente la ética y la responsabilidad ciudadana, y exigir transparencia y rendición de cuentas a nuestros líderes. Solo de esta manera podremos construir una democracia auténtica, en la que el poder sea ejercido con responsabilidad y en beneficio de todos los dominicanos.

 Escrito Por: Richard Gonell


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